jueves, 18 de diciembre de 2008

El "Fin de Allende" por The Economist

[Editorial de la revista británica The Economist , titulado "The end of Allende", y publicado el 15 de septiembre de 1973. Traducción de Proyecto Chile 2010]


La muerte transitoria de la democracia en Chile será lamentable, pero la responsabilidad directa pertenece claramente al Dr. Allende y a aquellos de sus seguidores que constantemente atropellaron la Constitución.

El Presidente Allende no se convirtió en mártir, aun cuando fuera cierto que se suicidó el martes. El bombardeo y asalto de su palacio presidencial y la toma del poder por los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas de Chile pusieron un fin amargo al primer gobierno marxista libremente elegido en Occidente.

Y la batalla parece apenas haber comenzado. Con la mayoría de los canales de comunicación de Chile con el mundo exterior aún restringidos, es difícil tener una idea más completa de la violencia que aparentemente continúa. Pero si una sangrienta guerra civil comenzara, o si los generales que ahora controlan el poder deciden no llamar a nuevas elecciones, no habrá duda alguna respecto de quien tiene la responsabilidad por la tragedia de Chile. La responsabilidad es del Dr. Allende y de aquellos en los partidos marxistas que aplicaron una estrategia para controlar el poder total, al punto que la oposición perdió las esperanzas de controlarlos por medios constitucionales.

Lo que ocurrió en Santiago no es un golpe típicamente latinoamericano. Las fuerzas armadas toleraron al Dr. Allende por casi tres años. En ese período, él se las ingenió para hundir al país en la peor crisis social y económica de su historia moderna. La expropiación de campos y empresas privadas provocó una alarmante caída en la producción, y las pérdidas de las empresas estatales, según cifras oficiales, superaron los $ 1.000 millones de dólares. La inflación alcanzó a 350% en los últimos 12 meses. Los pequeños empresarios quebraron; los funcionarios públicos y trabajadores especializados sufrieron la casi desaparición de sus sueldos por causa de la inflación; las dueñas de casa tenían que hacer interminables colas para obtener alimentos esenciales, y si es que encontraban. La creciente desesperación originó el enorme movimiento huelguístico que los camioneros iniciaron hace seis semanas.

Pero el gobierno de Allende fue más allá de la destrucción de la economía. Violó la letra y el espíritu de la Constitución. La forma en que sobrepasó duramente al Congreso y a los Tribunales de Justicia debilitó la fe en las instituciones democráticas del país.

El mes pasado, una resolución aprobada por la mayoría opositora en el Congreso señalaba que "el gobierno no es responsable sólo por violaciones aisladas de la Constitución y la ley; ha convertido tales violaciones en un método permanente de conducta". El sentimiento de que el Parlamento era ya irrelevante aumentó por la violencia en las calles y por la forma en que el gobierno toleró el surgimiento de grupos armados de extrema izquierda que se estaban preparando de manera abierta para la guerra civil.

Las fuerzas armadas intervinieron sólo cuando estuvo claramente establecido que existía un mandato popular para la intervención militar. Las Fuerzas Armadas tuvieron que intervenir porque fallaron todos los medios constitucionales para frenar a un gobierno que se comportaba de modo inconstitucional.

El detonante para el golpe fueron los esfuerzos de los extremistas de izquierda para promover la subversión dentro de las fuerzas armadas. El señor Carlos Altamirano, ex secretario general del partido socialista, y el señor Oscar Garretón del Movimiento de Acción Popular Unitaria, ambos líderes de la Unidad Popular de Allende, fueron señalados por la Armada como los "autores intelectuales" del plan de amotinamiento de los marinos en Valparaíso. Los comandantes de la Armada en Valparaíso iniciaron el movimiento esta semana. Pero el rápido éxito del golpe y la participación en él de todas las fuerzas armadas (incluyendo a los Carabineros, entrenados militarmente) sugiere que los planes para el golpe fueron cuidadosamente preparados. Todavía habrá que esperar para comprobar que las fuerzas armadas continúan sólidamente unidas en su oposición al derrocado gobierno. La desaparición de dos comandantes, el Almirante Raúl Montero y el general Sepúlveda, comandante de carabineros, quienes fueron reemplazados por sus subordinados anti-marxistas, hace pensar que no todos los altos oficiales estaban a favor del golpe.

El peligro real de un derramamiento de sangre provendrá de unas fuerzas armadas divididas, o si ocurrieran serios motines entre la tropa. Esto podría producir una guerra civil. Puede esperarse una fuerte resistencia de los comités de trabajadores y de las brigadas paramilitares que el Partido Socialista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria dirigen en Santiago así como de grupos guerrilleros en el sur. Pero si no consiguen apoyo militar significativo, estos grupos probablemente podrán ser contenidos.

Cualquiera sea el gobierno que surja del golpe militar, no se pueden esperar tiempos fáciles. También aquellos que sufrieron bajo el gobierno de Allende sentirán la tentación de ajustar cuentas con el bando derrotado. Pocas personas creen que Chile pueda retornar a su forma tradicional de administrar sus asuntos.

El trabajo de reconstrucción costará un enorme sacrificio, de la misma forma que ocurrió en Brasil cuando Roberto Campos era responsable de la planificación económica durante los años posteriores al golpe de 1964. Esto no significa que Chile se convertirá en otro Brasil. Por una parte, Chile es probablemente un lugar menos violento --aún en estos momentos-- que Brasil y, por otra, los generales chilenos tienen una concepción bien distinta de su rol comparada con aquella de los generales que apoyan al señor Campos. Ellos aceptan que es demasiado tarde para revertir muchos de los cambios impuestos por el Dr. Allende; por ejemplo, en su intento por reconstruir el sector privado, ellos pondrán más énfasis en traer de regreso a los inversionistas extranjeros y en crear nuevas industrias que en devolver lo que fue expropiado.

El General Pinochet y los oficiales que lo acompañan no son peones de nadie. Su golpe fue preparado en casa, y los intentos por hacer creer que los norteamericanos estaban implicados son absurdos, especialmente para quienes conocen la cautela norteamericana en sus recientes tratativas con Chile.

El gobierno militar-tecnocrático que está aparentemente tomando forma intentará reconstruir el tejido social que el gobierno de Allende destruyó.

Esto significará la muerte transitoria de la democracia en Chile, lo cual será deplorable, pero no debe ser olvidado quien lo hizo inevitable.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Chile bajo la unidad popular (parte 2)

De la depresión al “gambito Frei”

LOS primeros días después del 4, el alessandrismo cayó en una honda depresión síquica.

Su esperanza de victoria había sido casi una certeza, alimentada por las "encuestas" que la propaganda del candidato publicitaba (las semanas finales de la campaña, dichas encuestas ya reflejaban el progreso allendista...pero, naturalmente,' esto fue mantenido en discreta reserva).

El inesperado triunfo de Allende significó para muchos, así, los fantasmas del socialismo, el paredón", la pérdida de la libertad y de los bienes, la tiranía en la información y en la educación; los espectros de Cuba, la URSS, Hungría, Checoslovaquia. El whisky y las lágrimas femeninas corrieron a raudales. Algunos se exiliaron de inmediato. Otros también salían del país...pero sólo para acumular las "cuotas de viaje" en dólares: iban en auto hasta Mendoza y regresaban de inmediato, con toda la familia y hasta con la servidumbre, a fin de tener derecho a más "cuotas". Sin embargo, la reacción llegó pronto.

¿Por qué entregar el Congreso Pleno, así como así, a Allende y a la UP?

La noche misma del 4 lo dijo por TV un joven y entonces desconocido abogado alessandrista: Pablo Rodríguez, el único dirigente de esa candidatura que fuera posible ubicar, y que se manifestara conforme con salir a la pantalla chica en un momento tan amargo para su causa. La elección no había concluido —dijo Rodríguez—: faltaba el Congreso Pleno; éste podía y debía

elegir a Alessandri, para que Chile no cayese en el comunismo. Los otros concurrentes al programa —en especial los UP— quedaron estupefactos, ¿De dónde salió este huevon.?" — preguntaba el senador MAPU Alberto Jerez, ignorando, sin duda, que el canal seguía en el aire y que miles de telespectadores oían el chilenismo.

Los días siguientes, Pablo Rodríguez dio forma a un movimiento público para que el Congreso Pleno respaldara a Alessandri: fue Patria y Libertad, en su primera época. Celebró mítines en calles y teatros, y la UP y su prensa lo taparon de injurias.

Casi simultáneamente - con estos hechos, también sacaban el habla por el alessandrismo sus líderes máximos, encabezados por Enrique Ortúzar: "El proceso electoral no ha terminado" (dijeron). Agregaban que la Constitución permitía "a la opinión mayoritaria del país, que aspira a seguir viviendo en libertad y rechaza el marxismo, hacer valer sus derechos".

Todo estaba muy bien, pero Alessandri no tenía fuerzas en el Congreso Pleno, tampoco, si la DC no lo apoyaba.

Fue así como se discurrió el “gambito Frei”.


Alessandri y Frei.

CONSISTÍA en que Alessandri fuese designado por el Congreso, renunciara, y así se produjera una nueva elección, esta vez a dos bandas solamente; en ella Freí, candidato respaldado por el alessandrismo, sería ganador seguro.

Francisco Bulnes, senador-nacional, autorizado por el comando alessandrista, sondea al residente. Freí le dice que todo dependerá de la posición de su partido, cuya directiva puede pronunciarse en favor de Allende al día siguiente... 7 de septiembre.

En esa reunión, no obstante, los "freístas" que participan impiden aquel pronunciamiento, defendido por los "terceristas" (vale decir, por los partidarios de Tomíc).

El 8 de septiembre, el Presidente Frei recibe al alessandrismo en pleno; asisten Bulnes (por los nacionales), Julio Duran ( por los radicales) y Eduardo Boetsch (por los independientes). Se

jugará apoyando el plan —afirma el mandatario, según versión de Bulnes y Boetsch— si Alessandri, previa y públicamente ratifica que renunciará cuando el Congreso Pleno lo elija.

El 9 hace Alessandri esta declaración (no sin augurar, privadamente, que Frei se "correrá" de la combina). "En caso de ser elegido (por el Congreso Pleno), renunciaría al cargo, lo que daría lugar a una nueva elección. Anticipo, desde luego, en forma categórica, que en ella yo no participaría por ningún motivo.

Según la misma versión que comentamos, Frei conoció anticipadamente esta declaración, y pidió que su borrador fuese aprobado por su brazo derecho, el Ministro de Hacienda Andrés Zaldívar, a quien se la habría llevado—para tal efecto—Julio Duran.

Diez años después, QUE PASA publicó estos hechos. Zaldívar desmintió enérgicamente la participación que se le suponía; Duran se negó a hablar; Boetsch y Bulnes insistieron en la veracidad de lo que dijeran. En cuanto a Freí, admitió que "algunas personas" le habían sugerido el "gambito". Pero él (afirmaba) nunca lo aceptó, limitándose a observar que, si el Congreso Pleno ejercía su prerrogativa constitucional de elegir a Alessandri, él, Frei, la haría respetar, como correspondía.

Quizás estas "personas" no identificadas no fuesen sólo ciudadanos chilenos. El gambito Freí también fue considerado por los Estados Unidos, en las nerviosas reuniones celebradas por el Comité de los Cuarenta, el 8 y 14 de septiembre, con el fin de analizar el "caso Allende" (el Comité de los Cuarenta, organismo informal, aseso

Cuarenta, organismo informal, asesoraba a Nixon en el más alto nivel de la política exterior; a él pertenecían Kissinger, Helms —director de la CÍA— y el Fiscal General Johh Mitchell). En el Comité, el gambito Frei era conocido asimismo como "gambito Rube Goldberg", por un hecho parecido de la historia política norteamericana.


El 14 de septiembre, el Comité ordenó al embajador yanqui en Chile, Edward J. Korry, empujar a Frei hacia el "gambito", hablándole directamente al respecto. Se le ofrecería apoyar aquél con US$ 250.000, a invertir secretamente y en la forma que el "equipo de confianza" del mandatario

estimase más adecuada.

La ITT, por los mismos días, ofrecía a Kissinger y Helms US$ 1.000.000 para ayudar a constituir, dentro del Congreso chileno, una coalición que atajase a Allende.

Ninguna de estas sumas llegó a emplearse. Frei —fuere cumpliendo la profecía de Alessandri; fuere porque verdaderamente nunca hubiese estado en el "gambito"— no se jugó contra Allende en la DC. Ni siquiera intentó —informaba la embajada norteamericana en Chile al Comité de los Cuarenta— disuadir a su partido de apoyar la postulación marxista. El gambito Frei, o Rube Goldberg, o "track one" (primer camino": el track two, o segundo camino, era el complot de Viaux: ver más adelante) murió nonato.



En la junta Nacional DC. Zaldivar y el Rector de la UC, Fernando Castillo. Exposicion clara y Objetiva

Frei y Korry. 250.000 dolares que no se gastaron.

Independiente Alessandrista Eduardo Boetsch. Revelo el plan Frei.

Senador Mapu, Alberto Jerez. ¿De donde salio este h..?

Chile Bajo la unidad popular (Parte 1)

Chile Bajo la unidad popular (Parte 1)

4 de septiembre a 24 de octubre – 50 días para caer en el marxismo -

CUANDO llegó la noche del 4 de septiembre, era muy claro que la primera mayoría relativa de la elección presidencial correspondía a Salvador Allende, y que éste había aventajado decisivamente

—si no con mucha amplitud— a Jorge Alessandri. Radomiro Tomic era, distanciado, el tercero de la carrera. Se fueron evaporando, inexorablemente, una después de otra, las esperanzas alimentadas por los alessandristas, de que algún repunte redentor, a última hora, les evitara el naufragio...Pero nunca llegarían, por ejemplo, los votos de esas míticas "mujeres de Viña del Mar, cuyos sufragios debieran haber suprimido o acortado la diferencia Allende-Alessandri. En el último piso de la Cooperativa Vitalicia, en pleno centro, donde funcionaba la central de cómputos alessandrista, Javier Vial daba las sucesivas malas noticias a Arturo Alessandri Besa; éste, por unos teléfonos internos, las transmitía a doña Ester Alessandri, quien se hallaba en el departamento del candidato, calle Phillips; y doña Ester se las comunicaba finalmente a don Jorge.

Alessandri fue el más sereno de todos, esa "noche triste" de sus partidarios.


Se tiene una gran duda acerca de la real dimensión de las votaciones obtenidas por Allende, si bien la extrema izquierda Chilena había ido creciendo, también lo hicieron los aportes económicos hechos por la URSS con su “Crédito para propaganda comercial”1. Como también el considerable aumento de fraudes electorales en algunas provincias. Como lo indicaron documentos2 entregados por el ex partido comunista soviético en 1992.

El porcentaje de Allende era inferior al obtenido en 1964, cuando Frei lo derrotara a dos bandas; era también inferior al conseguido en las parlamentarias de 1969 por los partidos de la combinación que lo apoyaba, la Unidad Popular.

Resultaba evidente que sólo por la elección a tres bandas; el candidato de la UP podía mostrar ahora la primera mayoría relativa.




Hombres

Mujeres

total

Allende

33,72

26,64

30,39

Alessandri

25,57

33,45

29,28

Tomic

20,96

25,94

23,30

Nulos, blancos

0,70

0,78

0,73

Abstención

19,05

13,19

16,30



Esta no le daba, constitucionalmente hablando, la presidencia: el Congreso Pleno debía elegir entre él y su más cercano contendor, Alessandri. Desde un comienzo, como era de esperar, la UP y Allende quisieron minimizar al Congreso Pleno, invocando la antigua tradición de que éste reconociese la victoria de la primera mayoría y, al mismo tiempo, amenazando con toda clase de horrores si "le era robada al pueblo su victoria".

Los otros dos bandos no estaban en muy buenas condiciones para defender este "robo"... que no era tal, sino simplemente el uso de una prerrogativa constitucional del Congreso Pleno. En efecto:

—Los alessandristas, durante la campaña habían rechazado con énfasis una sugerencia del senador democratacristiano Rafael Agustín Gumucio, en orden a implantar la "segunda vuelta", estilo trances. O sea "una nueva" elección popular, entre los dos candidatos que hubieran logrado las más altas mayorías, si ninguno de ellos hubiere alcanzado la absoluta. Entonces, imprudentes voces alessandristas habían hablado de reconocer la victoria a quien ganase por un solo voto, y aun que este voto solitario no le diera la pluralidad absoluta. Semejantes palabras se volvían ahora contra don Jorge, como un búmeran.

Si se reflexiona en que de este acuerdo "recíproco" estaba excluido Alessandri (aunque, hipotéticamente, su ventaja hubiera superado los 30.000 votos), y en que el único objetivo imaginable y práctico del "reconocimiento" era justamente asegurar a la primera mayoría relativa entre Tomic y Allende el apoyo conjunto DC y UP en el Congreso Pleno, se concluye que el

distingo —"aclaración de intenciones" o "pacto secreto"— era más académico que real.

En verdad, el tomicismo estaba más cerca, doctrinariamente, de Allende que de Alessandri. La propia noche del 4,Tomic cumplió su convenio. Los jóvenes DC y los UP "fraternizaron" en

la Alameda... como si todos fuesen vencedores. Después, don Radomiro declararía a La Stampa, de Turín, que esperaba que sus correligionarios aceptaran “lealmente”, colaborar "en términos de igualdad con la UP, si Allende así lo necesitara.

No era ésta, sin embargo, la postura de toda la Democracia Cristiana, la mayoría de cuyos dirigentes, desde luego, había ignorado el convenio Allende-Tomic.

Tampoco era la postura de la Iglesia, tan importante en cuanto a influir sobre la DC... y en cuanto a ser influida por ésta. Los obispos habían declarado, anticipadamente, su decisión de no visitar a ningún "triunfador" del 4, antes de que su victoria fuera sellada por el Confieso Pleno.

Sólo un prelado faltó a este compromiso, el obispo auxiliar de Puerto Montt, Jorge Hourton,

quien proclamo Presidente a Allende en las pocas horas del 4 de septiembre.


Don Jorge, vota


Obispo auxiliar de Puerto Montt, Jorge Hourton

Perdedor de una apuesta en la ex plaza Bulnes

Secretaria Allendista

1 Se trata del Fondo Internacional Sindical para la Ayuda a Organizaciones Obreras de Izquierda, creado en 1948, cuyos fondos a partir de los años sesenta provenían en gran parte del Partido Comunista de la Unión Soviética.

2 Los documentos provienen del Centro de Conservación de la Documentación Contemporánea (TsJSD) de Moscú, ex Archivo del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Estos documentos fueron abiertos para fines de investigación historiográfica en 1992, en el transcurso de la preparación del proceso contra el Partido Comunista de la URSS en la Corte Constitucional de la Federación Rusa.